jueves 14 de abril de 2011

"Cruzadas": cruzando la línea del buen gusto

Con frecuencia, el crítico de cine se ve obligado a acometer el visionado de cintas deleznables cuya sola concepción debería ser fuertemente repudiada. Películas de tan oprobiosa factura que ni siquiera podrían tolerarse bajo la luz redentora de lo bizarro. Piezas fílmicas irritantes, que alimentan en el espectador las más virulentas pulsiones.

Dirigida por Diego Rafecas, Cruzadas, a estrenarse el próximo 21 de abril, parece formar parte de esta luctuosa calaña de filmes. El oficio de crítico exige ver la película en la asfixiante oscuridad de una sala de cine, donde la presencia de otros críticos inhibe el deseo de gritar la propia indignación y el botón FF brilla por su ausencia. Pero, temeroso de arriesgar mi de por sí estropeada salud mental, he decidido evitar su visionado y criticarla "desde afuera": mirando el trailer, leyendo la reseña e imaginando todo lo demás. Lo que hago siempre, bah.

Hilarante fresco sobre la argentinidad

No leí toda la sinopsis porque es muy larga y parece escrita con los pies. Con los pies de Gabriela Michetti. Pero por lo que entiendo, Juana Pérez Robles (Moria Casán) y Camila Lamónica (Nacha Guevara) son hermanas, aunque no lo sabrán hasta que el padre muera y Lamónica aparezca de la nada para reclamar la herencia. El padre de ambas es un acaudalado empresario interpretado por Enrique Pinti. Por lo que se ve, le gustan el fútbol y las mujeres. Y como si esto solo no fuera bastante inverosímil, cabe destacar que tanto él como sus hijas rondan los 70 años, lo cual nos habla de alguien muy precoz o de una mala elección de casting.

Juana, la hija reconocida, sigue los pasos de su padre en el holding mediático que comanda; mientras que Camila se destaca en el ambiente de la cumbia. Esto vaticina muchos chistes sobre el "choque entre clases sociales" afanados de Esperando la carroza y muchos chistes sobre "herencias" afanados de La herencia del tío Pepe (aquella soberbia magnum opus de Hugo Sofovich). Para completar el "clima costumbrista" aparece la inefable Chachi Telesco haciendo de bailantera rapidita, en su primer protagónico desde aquel video porno que la catapultó a la fama (y donde ya mostraba sus exquisitas dotes vocales).

Tampoco faltan Claudio Rissi en su eterno papel de porteño cagador; seguramente hace de cafishio. También hay Carlos Belloso como "retrasado mental de serie de Polka", "el de Rizzutti" como "el de Rizzutti pero cuadripléjico" y cameos de Pablo Lescano y Tomás Fonzi, quien perpetra uno de los chistes más trillados en la historia del humorismo mundial. Interpreto que lo de Fonzi es una recreación de su papel en Paco, el anterior vómito fílmico de Rafecas, donde encarna a un físico nuclear adicto a la pasta base e hijo de una senadora. No, tampoco vi Paco, pero créanme que la sinopsis dice eso. Llega un momento en que los grandes directores se dedican a disfrutar de sus logros y se permiten homenajear su propia filmografía. Rafecas, también.

Me animo a suponer que, al final, la rama pobre de la familia de Pinti se queda con la herencia y Chachi Telesco le pone el broche de madera con un musical a tono. Moria Casán termina en la ruina; vaticino una escena donde come bondiopán en una villa miseria.

No vi Un buda, Rodney ni Paco (los anteriores intentos de Rafecas), pero creo que considerando ese cóctel de gente bien haciendo de pobre, rominasrichis y sofiasgalas como reventadas y un toque espiritual estilo Claudio María Domínguez, no se puede esperar nada bueno del esperpento fílmico que motiva este post.

Dijo la crítica:
"Costumbrismo de los ochenta. Los personajes se delinean con trazo grueso"

(Pablo S., Clarín)

"Un patchwork de situaciones grotescas que no llega a convencer"

(Diego B., La Nación y Otros Cines)

"Enrique Pinti, sensacional como siempre. Te queremos, Enrique"

(Catalina D., El Trece)