miércoles 29 de diciembre de 2010

Dread Mar-I: todos somos jamaiquinos

Gente que le hace mucho daño a la música
Dread Mar-I

Por todos es sabido que las personas con deficiencias intelectuales también pueden incorporarse al mercado laboral. La mejor prueba de ello es la existencia de los patovicas y los empleados que te hacen el DNI. Individuos que no parecen tener habilidad para algo que no sea dormir o bañarse están en condiciones de prestar algún servicio y recibir a cambio de ello una remuneración económica.

Lejos está de mí oponerme al acto solidario de emplear gente inútil; sin embargo, no puedo dejar de denunciar los peligros que implica la adopción de este mecanismo en otras áreas, si se quiere, alejadas del mundo del trabajo. Me refiero, precisamente, a la música. Y en particular, al género conocido como reggae argentino, que cobija en su seno a una caterva de inservibles cuyo absoluta falta de talento sitúa sus intenciones en el plano de lo delincuencial. Y justamente del reggae argentino se ocupa este post.

Todo verano puede definirse por tres variables: un hit, una publicidad de Quilmes y un culo Reef. El hit del verano pueden ser dos: uno bailable y uno romántico. El verano 2011 encuentra su hit bailable en ese esperpento conocido como "Pa-panamericano"; y su hit romántico en un coso peor, llamado "Tú sin mí", y perpetrado por un señor de pelo largo que no se hace llamar Eduardo ni Rubén, sino Dread Mar-I.

No sé bien en qué momento Argentina se convirtió en territorio propicio para el reggae. Del germen plantado por Sumo nacieron los Pericos y La Zimbabwe, y así estábamos bastante bien. Pero después se prendieron los Cafres, y resucitó Fidel Nadal, y al día siguiente había unas 37000 bandas reggae jugando a que tocaban en cuanto festival choto se organizara. Repentinamente nos habíamos convertido todos en negros etíopes, plantábamos marihuana al lado del ficus y esperábamos a que nos creciera el pelo para llenarlo de mierda y hacernos rastas (si hasta Emilia Attias tuvo un lapsus y se prendió en ésa).

El sentimiento no es recíproco
Dread Mar-I te desea felices fiestas
El rastafarismo argentino basa su existencia en la ilusión de que una plaza cualquiera puede convertirse en playita. Vivir de porro y no bañarse está bien si naciste en Jamaica, donde no hay una mierda para hacer y encima tenés el mar a dos cuadras. Pero si pasaste toda tu existencia en Buenos Aires, sufriendo el chiflete en invierno y oliendo sudor ácido en verano, no me vengas con el sentimiento jamaiquino y todas esas giladas. Bañarse es algo muy sano, y si no preguntale a Bob Marley, que por jugar al fútbol en patas se infectó con algo y se cagó muriendo. Hoy su legado vive en un conductor televisivo muy rubio y de muy homosexuales maneras. Y en los Wailers, que al igual que El que No se Murió de los Ramones, cada tanto vienen acá para que les matemos el hambre.

Es de notar que el rastafarismo, a pesar de su mensaje a favor del amor, el dormir y el ser pobre, tiene como ídolo supremo al dictador etíope Haile Selassie. Este señor es conocido por haberse cargado a más de 12000 opositores, una cifra que lo pinta, al menos, como un tipo bastante enérgico. Y que hace de un Pinochet un verdadero dulce de leche. Se ve que vivía bien el hijo de puta, porque murió a los 83 años (tengamos en cuenta que la mayoría de los etíopes no llega a tener edad legal para comprar la Playboy).

Y así llegamos a este muchacho, Dread Mar-I, que por razones desconocidas logró emerger de toda esa marea de banditas de nombre cannábico (Humo Verde, Pinito Solanas, etc.) para pegar el hit que lo sacaría de un merecido futuro de pobreza y shows en boliches de la costa. Un MIDI de fondo (¿son necesarios tantos músicos?), una letra ideal para el nick de Messenger y una forma de cantar que lo acerca más al Pato Donald que al Bahiano. Eso es todo. Por suerte, apareció La Champions Liga para darle a este tema el destino de cumbia que se merecía. Hasta diría que el cover supera al original, a diferencia de lo que sucedía con aquella inadmisible versión que hizo El Polaco del tema más conocido de Pastoral.