Si no hacemos nada por evitarlo, el jueves se estrenará en los cines argentinos Un buen día, film perpetrado por la familia Del Boca y seguramente financiado por la sinarquía internacional o algún otro ente maléfico. Pese al título del film, su estreno sólo presagia un día nefasto, no sólo para el cine argentino sino, directamente, para la cultura universal. Como ya lo hicimos con otras películas, hoy nos serviremos del trailer, el afiche y nuestros propios prejuicios para elucubrar qué nos tiene preparado este verdadero ACV cinematográfico.
Es indispensable ver el trailer (que a esta altura debe tener más visualizaciones que la fellatio de Wanda Nara) para entender lo que sigue.
Una gran historia de amor
A Manuel (Aníbal Silveyra) lo partió al medio la crisis de 2001. Su PyME de venta de alfombras (El Emporio de la Alfombra, se llamaba) se vino abajo cuando el corralito se quedó con nuestros ahorros y los tapetes se convirtieron en bienes de lujo. Porteño que las vivió todas, acostumbrado a las mishiaduras y experto en el arte de rebuscársela, pasó dos años trabajando como imitador de Nino Bravo, hasta que descubrió la necesidad de estrolarse en la ruta para lograr una mimetización completa. Esta revelación lo hizo replantearse cosas y partir hacia Estados Unidos, la tierra de las oportunidades, donde gracias a su sabiduría argenta lograría ingeniárselas para vivir como un rey.
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Una mañana, llega a su alfombrería una morocha infartante (Lucila Solá, la novia argentina de Al Pacino). Tiene cuerpo de Miss Universo y cara de boluda. Más que suficiente para accionar los mecanismos del deseo. Manuel ya no es el donjuán de sus épocas adolescentes, y, en el fondo, sabe que ya no está para estos trotes. Pero no ha perdido las mañas. "Ésta va a cobrar", se relame en silencio, mientras espera que la víctima caiga en su trampa.
Manuel — Buen día, señorita, ¿en qué la puedo ayudar?
Fabiana — Mire, estaba buscando una alfombra de estilo étnico, tipo africana...
Manuel — Ésssta que tengo acá no será africana, pero igual te alcanza y sobra— y le aproxima a la cara una alfombra enrollada de tres metros de ancho.
Esta barrabasada le hace saber a Fabiana que Manuel es argentino. Durante la siguiente hora y media veremos a Manuel apelando a su labia porteña y su voz doblada para arrimarle el bochín, y a ella haciéndose la difícil. El trailer no da indicios de la ocurrencia de coito, lo cual nos hace pensar que Fabiana no se deja convencer así nomás: a partir del segundo 40, Manuel 1) se humilla en público, 2) se la da de sensiblón, 3), le hace "la guitarrita", 4) le propone un viaje a Las Vegas y, cuando ve que ni así entrega, 5) le suplica un rapidito (ver 01:18). Y claro, campeón, como vas a competir con Al Pacino. Al final no es ninguna boluda la mina. Todo indica que Manuel y Fabiana jamás consumarán su amor, pero a ambos les quedará un hermoso recuerdo de aquel día en la playa. Manuel volverá a Argentina ("ahora que las cosas mejoraron un poco"), reabrirá el Emporio de la Alfombra y, años más tarde, la inesperada visita de Fabiana hará resurgir las llamas de la pasión. Beso y fin.
A pesar de sus muchos problemas (actuaciones, trama, diálogos, película), Un buen día está destinada a ocupar un lugar muy importante en la historia nacional: el del más aberrante desvío de fondos públicos para fines ilícitos.
Dijo la crítica:
"A pesar de su cuidada fotografía, hace agua por todos lados, como las olas de Long Beach".
(Pablo S., Clarín)
"Un film nefasto, apenas salvado por la sensual y candente presencia de Lucila Solá".
(Horacio B., Página/12)
"Una historia... amable, simpática, para pasar el rato".
(Catalina D., que "le gusta de todo")















