![]() |
Visten indumentaria rústica y no se preocupan por el aseo personal. Descreen de la educación formal y algunos de ellos pasan su vida sin aprender a leer y escribir. Viven en chozas improvisadas o, directamente, en la calle. Sus consumos culturales son la cumbia y los canales de DirecTV que se salvan de la interferencia. Gustan de la drogadicción y la reproducción desenfrenada. Se llaman "pobres" y son la nueva tribu urbana de la que todos los medios ya están hablando.
No sé por qué, pero, de golpe, así, como si nada, no puede uno prender la tele sin escuchar un Lapegüe o un Biasatti diciendo que "en Argentina hay cada vez más pobres", que "la pobreza es un escándalo" y que "nadie hace nada". A mí se me había ocurrido que todo esto podía, en una de ésas, tener algo que ver con cierta disconformidad respecto de la "Ley Fascista de Control de Medios" que impulsa el gobierno; pero seguro que es una casualidad. Así que bueno, habrá que pensar que en realidad esta gente descubrió la pobreza un día, y, zácate, se les ocurrió que estaba mal y empezaron a denunciarla. Y pensar que uno había puesto TN sólo para babearse con Valeria Sampedro.
Por supuesto, apenas se empezó a correr la bola no tardaron en aparecer unos cuantos individuos que juraban haber visto pobres, y de distintas clases: un homeless en la puerta de la casa, un "cartonero" en la esquina, un "pibe chorro" un poco más lejos. La indignación por la miseria se sumaba a la bronca por lo montonera y conchuda que es Cristina Kirchner, por los terroristas que mantienen la ciudad sitiada con sus manifestaciones y por las injustas calificaciones de Aníbal Pachano en el jurado de Tinelli.
En resumen, el país se estaba yendo a la remierda y sólo quedaba una cosa por hacer: opinar. Todos aportaron sus ideas para salvar a la Argentina del cataclismo. La mayoría concluyó en que la mejor solución era matar a todos los pobres, cerrar las fronteras y ver qué se podía hacer con los que quedaban; pero la idea fue descartada por dificultades logísticas. Otros pensaban que la solución era un sistema educativo amplio y de calidad; pero esto requería décadas de esfuerzo, y daba demasiada paja. Como no se llegaba a un acuerdo, se decidió pedirle ayuda a los países desarrollados, pero sólo consiguieron a España y Uruguay. La Televisión Española se preguntó "¿hasta cuándo?"; y del otro lado del charco, Pepe Mujica dijo que los argentinos éramos todos medio fronterizos y por eso no la pegábamos. Estas declaraciones fueron aceptadas con resignación, porque, claro, Uruguay es un país en serio, allá la gente es más tranquila, es otra mentalidad, es la Suiza de Latinoamérica, los negros son más negros, las murgas no dan lástima y allá todos los chicos tienen computadora. Y como en este blog no nos gusta llegar tarde a nada, acá también aprovechamos el momento y hablamos de la pobreza, a ver si después deja de estar de moda. Entonces abrimos el debate.
Todos sabemos de que la pobreza tiene sus cosas, como eso de no comer todos los días, y el hacinamiento, y la mugre. Pero reconozcamos que el colorido de las villas y el estilo de vida bohemio de quienes duermen en las plazas tienen un nosequé muy pintoresco. Entonces, no nos queda que preguntarnos: ¿está bien la pobreza, o está mal?
Para pensar.





















