miércoles 30 de septiembre de 2009

Debate: ¿está bien o está mal la pobreza?

No pude conseguir una foto decente de Valeria Sampedro y puse esta imagen, que es de un periodista no tan sexualmente atractivo pero igualmente comprometido con la realidad social del país.
Cebollitas

Visten indumentaria rústica y no se preocupan por el aseo personal. Descreen de la educación formal y algunos de ellos pasan su vida sin aprender a leer y escribir. Viven en chozas improvisadas o, directamente, en la calle. Sus consumos culturales son la cumbia y los canales de DirecTV que se salvan de la interferencia. Gustan de la drogadicción y la reproducción desenfrenada. Se llaman "pobres" y son la nueva tribu urbana de la que todos los medios ya están hablando.

No sé por qué, pero, de golpe, así, como si nada, no puede uno prender la tele sin escuchar un Lapegüe o un Biasatti diciendo que "en Argentina hay cada vez más pobres", que "la pobreza es un escándalo" y que "nadie hace nada". A mí se me había ocurrido que todo esto podía, en una de ésas, tener algo que ver con cierta disconformidad respecto de la "Ley Fascista de Control de Medios" que impulsa el gobierno; pero seguro que es una casualidad. Así que bueno, habrá que pensar que en realidad esta gente descubrió la pobreza un día, y, zácate, se les ocurrió que estaba mal y empezaron a denunciarla. Y pensar que uno había puesto TN sólo para babearse con Valeria Sampedro.

Por supuesto, apenas se empezó a correr la bola no tardaron en aparecer unos cuantos individuos que juraban haber visto pobres, y de distintas clases: un homeless en la puerta de la casa, un "cartonero" en la esquina, un "pibe chorro" un poco más lejos. La indignación por la miseria se sumaba a la bronca por lo montonera y conchuda que es Cristina Kirchner, por los terroristas que mantienen la ciudad sitiada con sus manifestaciones y por las injustas calificaciones de Aníbal Pachano en el jurado de Tinelli.

En resumen, el país se estaba yendo a la remierda y sólo quedaba una cosa por hacer: opinar. Todos aportaron sus ideas para salvar a la Argentina del cataclismo. La mayoría concluyó en que la mejor solución era matar a todos los pobres, cerrar las fronteras y ver qué se podía hacer con los que quedaban; pero la idea fue descartada por dificultades logísticas. Otros pensaban que la solución era un sistema educativo amplio y de calidad; pero esto requería décadas de esfuerzo, y daba demasiada paja. Como no se llegaba a un acuerdo, se decidió pedirle ayuda a los países desarrollados, pero sólo consiguieron a España y Uruguay. La Televisión Española se preguntó "¿hasta cuándo?"; y del otro lado del charco, Pepe Mujica dijo que los argentinos éramos todos medio fronterizos y por eso no la pegábamos. Estas declaraciones fueron aceptadas con resignación, porque, claro, Uruguay es un país en serio, allá la gente es más tranquila, es otra mentalidad, es la Suiza de Latinoamérica, los negros son más negros, las murgas no dan lástima y allá todos los chicos tienen computadora. Y como en este blog no nos gusta llegar tarde a nada, acá también aprovechamos el momento y hablamos de la pobreza, a ver si después deja de estar de moda. Entonces abrimos el debate.

Todos sabemos de que la pobreza tiene sus cosas, como eso de no comer todos los días, y el hacinamiento, y la mugre. Pero reconozcamos que el colorido de las villas y el estilo de vida bohemio de quienes duermen en las plazas tienen un nosequé muy pintoresco. Entonces, no nos queda que preguntarnos: ¿está bien la pobreza, o está mal?

Para pensar.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Mundial de Sudáfrica 2010: las caras del fracaso

La Selección nacional, demostrando su garra y su aguante.
Cebollitas

Volveremos, volveremos

Volveremos otra vez

Volveremo' a ser campeones

Como en el '86

El cantito se repite con notable insistencia desde el Mundial de Fútbol de Italia en 1990. Cada cuatro años, la esperanza de alzar la codiciada "Copa de la Vida" (como la definiera Ricky Martin) se renueva, y en las gargantas de millones de fanáticos, la promesa vuelve a rugir. No importa que el desempeño del Seleccionado argentino en el Mundial anterior haya sido mediocre, vergonzoso, catastrófico: basta con ver a nuestros once representantes sobre césped mundialista para volver a creer que el milagro es posible.

Pero este Mundial es distinto: si antes se daba por seguro el hecho de participar en el torneo, y las esperanzas estaban puestas en, como mínimo, llegar a cuartos de final, ahora nos encontramos rezando para arañar la clasificación. El equipo de Diegote muestra una impericia técnica que avergonzaría al plantel de Los Murciélagos y, sobre todo, un frío rectal como no se ha visto ni en los más tensos partidos de Los Dogos. Venimos a descubrir que Messi es apenas un pigmeo fanático de los jueguitos; que Agüero no era aquel humilde pibe de barrio que soñaba con ganar un Mundial, sino un fiestero irremidible que sólo pretendía ahorrar para la motito; y que el motor que le pusieron a Mascherano provenía de un infame desarmadero de Ami 8.

En este post se desarrolla un estudio sobre las reacciones del los espectadores cuando se enfrentan al fatídico hecho de ver a su Selección fuera del Mundial. Está basado en las experiencias de las últimas copas mundiales, y era mi intención publicarlo durante Sudáfrica 2010, más o menos a la altura en que se pudiera decir "bueno, llegamos hasta acá y perdemos". Pero, ante la alarmante posibilidad de quedar eliminados antes de clasificar, creo que lo mejor es apurarme y publicarlo ahora, antes de que sea demasiado tarde.

A continuación, un muestrario de los gestos y las expresiones más comunes ante el fin de la esperanza mundialista: las caras del fracaso.

Sentencia de muerte
Indiferente

El espectador permanece indiferente durante los últimos minutos del partido, consciente de la gravedad del destino inmediato. Termina el encuentro y no expresa reacciones evidentes ni signos vitales: autista, se queda con la mirada clavada en el televisor, con el gesto impávido del criminal que escucha su sentencia. No habla hasta el día siguiente. Ideal para partidos sin grandes sobresaltos.

Incredulidad
Incrédulo

El espectador lleva sus manos a la cabeza. Cuando el partido termina, se tapa la cara hasta los ojos. Se queda mirando el televisor a la espera de un anuncio que le avise que todo fue un sueño. Pero no: quedamos fuera del Mundial. Minutos después, ya atravesada la etapa de negación, sobreviene la resignación. Hace un chistido de disgusto, se muerde el labio inferior y apaga la tele. Ideal para partidos que se dan vuelta sobre el final.

Indignación
Indignado

Termina el partido y el espectador extiende un brazo, dejando la palma de la mano apuntando al cielo. Su reacción es más enérgica que las anteriores: no pasa un minuto hasta que se encuentra insultando a los jugadores, a sus madres, a su descendencia, a sus posibles parientes lejanos, a sus amigos, a sus conocidos y a los últimos 20 presidentes argentinos. Este cuadro de histeria se extiende por varios días en los que desmenuza las equivocaciones del cuerpo técnico y expone la táctica infalible que él había pensado para la Selección mucho antes de que empezara el Mundial. Ideal para partidos que se definen por penales.

Comentarios desubicados
Cómico

El especímen que desarrolla esta conducta se pasa todo el partido esperando que termine para demostrar lo poco que le interesaba ganar el Mundial. Termina el partido, se palmea los muslos con estridencia y dispara: "Bueno, se veía venir". Y mientras el resto hace lo posible por no escucharlo, agrega obviedades como "Ahora, a esperar cuatro años" O "Listo, volvamos a la realidad, acá no pasó nada". Si extrañamente consigue no ser linchado por quienes lo acompañan, vuelve a su casa silbando bajito, esperando cruzarse con alguien para repetir sus inoportunas apostillas.

El consuelo inútil
Consuelo

Termina el partido y la escena no podría ser peor. Niños llorando, televisores que se apagan, calles desiertas, la decoración blanquiceleste ambientando el funeral. Pero no todo está perdido: alguien viene a ofrecer su corazón. Con la sabiduría futbolística de Tití Fernández y el sentido de oportunidad de un travesti jubilado en una reunión de la Liga de Amas de Casa, este sujeto intenta animar la tertulia diciendo que "igual jugamos mejor nosotros", "estuvimos ahí de ganar", "el árbitro los favoreció a ellos", "en el Mundial anterior nos fue peor" y "por lo menos también perdió Brasil". Por lo general, las mujeres y aquellos que no sabemos gran cosa de fútbol asumimos este odioso personaje.

lunes 7 de septiembre de 2009

Despenalización para consumo personal

La piedra mágica