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Uno de los posts más polémicos (?) de la historia de este blog data de hace dos años. Se trataba de una feroz invectiva contra los que, por entonces, eran los principales exponentes de la movida "participativa" en Internet: Fotolog, MySpace, Twitter y Second Life.
Entre aquel artículo y el momento en que escribo éste, Fotolog vivió su apogeo de la mano de los floggers y otras huestes de la idiotez; MySpace siguió descubriendo talentos que iban a revolucionar la industria de la música, pero nadie se enteró; Twitter pasó de moda y resucitó hace poco; y Second Life tiene menos actividad que el cumpleaños de De la Rúa. Pero en el medio hizo su aparición otro curioso prodigio internético-social: Facebook, la comunidad online que alimenta noticieros y convierte a cualquier egresado de TEA en un "experto en nuevas tecnologías".
Facebook surgió de la afiebrada mente de Mark Zuckerberg, un joven de 19 años que, cansado de tener que loguearse a cada rato en sitios distintos (weblogs, álbumes de fotos, sitios de videos, chats, pornografía infantil), decidió unificar todos esos servicios en uno solo. Y así creo un menjunje de herramientas informáticas que no tenían nada que ver. pero le parecían copadas. El resultado: Facebook es la única red social que, está bien, para algo debe servir, pero es imposible de describir sin recurrir a la palabra "coso" y gesticular mucho.
Veamos: Facebook no es un servicio de blogs, pero te permite publicar las pavadas más indecibles sin más filtro que tu sentido de la vergüenza. Tampoco es un sitio de juegos online, pero te invita a desperdiciar tu juventud con tests como "Qué enfermedad venérea sos" y "Cuáles son tus posibilidades de que Natalie Portman te responda un mensaje de texto". Tampoco es un foro, pero brinda lugar a los más sanos intercambios de ideas sobre un amplio abanico de temas: desde costumbres de dudosa relevancia hasta el carácter "garantista" de bajar la imputabilidad al cuarto mes de gestación.
Seamos sinceros. Hasta ahora, la mayor utilidad de Facebook parece ser su efectividad en la atracción de oportunidades de coito con otros seres humanos (al menos eso dicen algunos; lo cierto es que, según estadísticas, tener banda ancha reduce considerablemente las posibilidades de rozar un glúteo fuera del transporte público). Sin embargo, ante el imparable crecimiento de esta comunidad, hay quienes dicen "uh, al final esto era más groso de lo que pensaba" y le asignan a este engendro 2.0 otras propiedades aún más importantes que su ayuda en el levante. Hablo de los "analistas del fenómeno": esos seres que convierten una simple búsqueda en Google en una compleja disciplina híbrida entre periodismo, sociología, ingeniería en informática y chamuyo.
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Pero también están los otros. Los que no hacen del sanateo informático su profesión, pero aseguran que Facebook les sirve "para comunicarse". ¡Pero habráse visto! Para comunicarse está el celular, ese aparato al que le gastás el crédito mandando "LLUVIA MARRON" al 2020 como un enfermito. Lo más interesante que te pasó en Facebook es encontrar a tu noviecita del jardín de infantes y descubrir lo baqueteada que está. Nada más.
No caben dudas de que, a veces, la vida se vuelve demasiado larga. Y cuando el aburrimiento apremia, nada mejor que el ocio improductivo para apurar unas horas la llegada de la Parca. Pero Facebook no es la respuesta. Siempre encontrarás en la televisión por cable alguna repetición de La pistola desnuda que te aliviane el domingo. Siempre estará en tu biblioteca aquel libro que una vez te prometiste leer, para que lo tomes, recorras sus primeras páginas y vuelvas a dejarlo donde estaba. Y nunca faltará oportunidad de asomarse a nuevas experiencias en la vida real. Ese universo donde nadie se negará a que veas su perfil, y podrás estar un poco más seguro de que la CIA no sepa qué comiste recién.















