Cristo murió por mucho menos. |
Los argentinos, se sabe, no estamos acostumbrados a luchar por nuestros derechos. Ya sea por el miedo al fracaso o por simple paja, preferimos quedarnos insultando al televisor en vez de ejercer nuestro derecho a la protesta. En estos tiempos donde la democracia vuelve a ser la protagonista, conviene cambiar esa actitud holgazana por otra, más comprometida, que implique un reclamo formal hacia quien corresponda para recuperar lo que nos fue arrebatado.
Es por eso que hoy inauguro una nueva sección donde daré cuenta de mis esfuerzos por hacerle cumplir a diversas instituciones aquellos compromisos que parecen olvidar. En este caso, un ruego para que la operadora de cable Telecentro deje de lesionar al buen gusto.
Claro que, para no poner en riesgo mi integridad física, he decidido ocultar mi identidad, haciendo uso de las ventajas del formulario de contacto del sitio de estos turros.
Fecha: 16/06/09
De: Palomino, Orlando
Domicilio: Debajo de un puente
Localidad: Capital Federal
Señores de Telecentro:
Cuando un buen día de hace algunos años decidí colgarme de la señal de cable de mi vecino -que gozaba de vuestro servicio- no imaginé el tormento en que se convertiría mi vida. Lo que en un principio parecía la puerta de acceso a una amplia gama de contenidos televisivos terminó siendo un dantesco muestrario de abortos audiovisuales.
Un análisis no muy riguroso de la guía de canales permite detectar unos cuantos errores graves:
- MovieTOP: películas programadas con el curioso criterio de haber sido relizadas hace más de diez años y, sin embargo, no haber sido vistas por casi nadie. Horarios raros, copias en VHS y una total ausencia de seres humanos completan una propuesta menos atractiva que limpiar un cigüeñal.
- Classic & Arts: el tedio convertido en canal de televisión. Una seguidilla de videos ochentosos de música clásica, presentados por un hombrecito muy parecido a Woody Allen. El aburrimiento casi induce al suicidio. Tampoco aquí se advierte la presencia de seres humanos detrás de los controles.
- Clasicentro: se supone que es una guía de servicios útiles para la comunidad. Pero no: apenas una lista de avisos dedicados a San Expedito que, al caer la noche, se convierte en un infame catálogo de las meretrices menos cotizadas de Zona Sur. Primeros planos de nalgas peludas, cabelleras platinadas y siliconas de obra social se combinan en un espectáculo grotesco.
- Telemax: los grandes temas nacionales no escapan al ojo de Telecentro. Un televisor de plasma, un helecho y dos vasos de agua son suficientes para encender los más intensos debates sobre la actualidad política.
- Canal 26: yo les perdono ese programa en el que Tormenta lleva a dar lástima a cantantes populares de antaño, pero ¿es necesario que el mismo canal esté DOS VECES en la lista de señales?
Háganme el favor de contarme dónde está el negocio detrás de estas bocas de expendio del mal gusto, o me verán amenazando con inmolarme en sus oficinas si no me instalan Venus gratis de por vida.
Esperando una respuesta a la brevedad, los saluda afectuosamente
Lic. Orlando Palomino
Pasaron varios días y sigo a la espera de una respuesta. ¿Hasta cuándo?