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Ustedes saben que este blog sigue una agenda marcada por los temas frívolos y la superficialidad. Sin embargo, cada tanto nos toca ponernos serios y hacer un llamado de atención sobre cuestiones que, a nuestro juicio, influyen de manera decisiva sobre la vida nacional. Por ejemplo, no podemos quedarnos callados cuando vemos al buen gusto ser arrasado por una ola de chabacanería y vulgaridad.
Ése es el caso que nos ocupa hoy. Un suceso desgraciado para el espectáculo argentino, el estreno de un video de Árbol, es el que motiva este post. Les propongo verlo; de otra forma jamás podrán entender la gravedad que este infortunio representa.
La vergüenza ajena se mezcla con deseos de muerte.
Todavía no encuentro los adjetivos necesarios para describir este espanto audiovisual. Aborto clandestino, mala praxis, diarrea, enfermedad venérea, kermés del infierno, son apenas algunos intentos por expresar la magnitud de este verdadero acto de terrorismo musical.
Un análisis no muy riguroso de este lamentable accidente motiva una pregunta insoslayable: ¿qué hace un grupo de cuarentones, con un avanzado problema de alopecía y una posible sordera en progreso, hablando de la joda, el descontrol, la felicidad y otras cosas sólo reservadas a quienes tienen menos de 25 años? La respuesta es sencilla: Árbol, hasta ahora, parecía haberse quedado en la niñez. Se vestían con remeras de Bob Esponja, hablaban de temas infantiles y coqueteaban con la pedofilia. Pero los años pasaron y ahora entraron en la adolescencia: sólo piensan en enfiestarse con gatos de alta categoría y en ponerse en pedo en Ramos Mejía. Tomá: me salió una rima. A ustedes no se les ocurrió, pajeros.
Este homicidio del buen gusto nos recuerda a otro, no menos vomitivo, protagonizado desde hace años por los Pericos: apenas se fue el Bahiano, lanzaron un video donde echaban rienda a suelta a su fantasía de ver un grupo de prostitutas VIP lavando un auto. A ese chiste gastado, digno de las peores épocas de Torry, le siguió otro: "Lindo día", donde hablaban de fumar porro con los amigos en la placita a pesar de haber superado los cuarenta. Los Pericos con Bahiano, Árbol con el otro pelado: es como si la salida del cantante original le diera libertad al resto para entregarse a la chanchada y las pulsiones adolescentes.
Análisis aparte, no termina de entenderse bien el propósito de pergeñar semejante Holocausto audiovisual. ¿Pretenderán captar al siempre tentador público de las pendejas bolicheras? ¿Habrán perdido una apuesta, a ver si eran capaces de hacer un tema bailable incluso peor que "Levantando las manos" de El Símbolo? ¿Será esta piñata de caca, este dolor de muelas, este examen de próstata, este imperdonable delito musical, el resultado de un ejercicio literario consistente en alumbrar el primer híbrido entre el rock barrial y el pop bolichero? ¿O en realidad los giles somos nosotros, que no entendemos la fina ironía sobre los excesos de la noche que se esconde detrás de la frase "festichola, todos en bolas"?
No podemos imaginar el contexto en el que se perpetró semejante crueldad. Sin embargo, nos atrevemos a suponer que la indeseable gestación de esta macana se debió al consumo de alguna mezcla de brebajes alcohólicos, probablemente expedida por un barman de algún antro de Ramos Mejía. Por eso, quizás, reconocen que "nos tomamos todo lo que compramos". Así como el LSD propició la génesis del rock psicodélico, la marihuana inspiró al reggae y el Zumuva con pis parió al rock chabón, ¿es de esperar que la jarra loca promueva una nueva vertiente "barrial-bolichera" en la música argentina? ¿Veremos la semilla impura de este Árbol expandirse en otras ramas, como una psoriasis aguda avanzando sobre la espalda del rock nacional?
Como sea, de algo no caben dudas: estos criminales merecen el oprobio de todo un país. No me vengan con Cromagnon: "El sábado en Ramos" es el 20 de diciembre del rock nacional.
Nunca Más.






























