miércoles 7 de marzo de 2012

Separados al nacer (III)


Charly García

Alcides
Charly García Alcides

lunes 30 de enero de 2012

¡Nuevos stickers de familia para el auto!

Si lo ve, anote la patente y denúncielo.
Stickers familia para el auto

En enero de 1997, los argentinos sucumbimos al ritmo ladri de "Coco Jambo" y la época estival terminó de consagrarse a la berretada. Los "hits del verano" que siguieron a aquel paroxismo de la alegría playera ayudaron a confirmar que la etapa más calurosa del año jamás sería testigo del nacimiento de grandes ideas. Es como si el calor insoportable del estío nos obligara a dejar el cerebro en remojo durante tres meses, inhibiendo la actividad neuronal y sumiéndonos en la ciénaga infame de la estupidez.

El hit del verano es una de las muchas modas de estación que, a veces, perduran por más tiempo del que sería esperable, hasta convertirse en tendencias o en algo peor. Un año después de que en este mismo blog denunciáramos a Dread Mar-I por sus repetidas agresiones al oído humano, "Tú sin mí" sigue sonando en miles de autos tuneados. De manera similar, los tatuajes de henna, los mechones teñidos, las sandalias Crocs y las "remeras graciosas" llevan varios eneros sobreviviendo al olvido. Una galería del horror que este verano incorpora una nueva pieza: los stickers de familia.

Los había visto un par de veces en Buenos Aires, pero no fue hasta mis recientes vacaciones en Costa Bajón que los avisté en cantidades epidémicas. Sobre el baúl o el parabrisas trasero del auto se colocan estas horribles pegatinas que, a través de muñequitos, indican la composición del grupo familiar que viaja a bordo. La mayoría muestra un matrimonio y sus hijos, pero hay quienes incluyen hasta tres ramas de ascendencia genealógica (por lo menos eso infiere uno cuando ve hileras de quince muñequitos). Otros incorporan a sus mascotas. He llegado a avistar stickers de "parejas sin hijos" que seguramente no tarden en dejar descendencia sólo para poder agregar nuevos calcos. El colmo de la memez fue un motociclista que en la parte trasera de su Lucky Lion había pegado un chabón y un perro.

Desde este blog, incluso conscientes de la flagrante pelotudez que implica sumarnos a esta moda, proponemos adaptar los stickers de familia a los tiempos que corren, incorporando estructuras familiares hasta ahora no tenidas en cuenta por los artífices de semejante plaga vehicular.

(Clic en las imágenes para ampliarlas)

Familia numerosa

Stickers familia numerosa auto

Padres separados

Stickers familia auto padres separados

Matrimonio con hijo de origen dudoso

Stickers familia auto cornudo

Matrimonio de lesbianas que adoptó un hijo obtenido por un médico que fecundó un óvulo donado con un espermatozoide extraido de un frasco de semen de varias personas y lo implantó en un vientre alquilado.

Stickers familia auto lesbianas

Parricida.

Stickers familia auto lesbianas

lunes 14 de noviembre de 2011

Nuevo castellano: agarrámela con la mano

Crímenes idiomáticos avalados por la nueva ortografía de la Real Academia Española.
Hay comidas sanguis bevida

Quienes desde hace décadas velamos por la salud del castellano hemos atestiguado, entre el pasmo y la incredulidad, la radical transformación que ha sufrido la lengua de Cervantes desde la adopción masiva de la frase "a full". Hubo un momento en el que hasta nosotros mismos, patovicas en la puerta del idioma, nos descuidamos y permitimos el ingreso de esta despreciable locución en nuestro propio hablar cotidiano. Quizás nos sedujo la comodidad de dejarse vencer ante lo que dictaba la costumbre popular, como cuando empezamos a saludar a otros hombres con un beso en la mejilla incluso sabiendo que lo correcto era dar la mano. Pero lo importante es que esa masificación del "a full" rompió los esquemas de la circulación lingüística al allanar el terreno para que cualquier neologismo, sin importar lo pelotudo que pudiera sonar, fuera incorporado así nomás por un cuantioso sector de la población a su lenguaje coloquial.

Uno de los ejemplos más lamentables de este fenómeno lo protagoniza la expresión "con carpa". Es curioso el recorrido de este modismo, que si bien hoy denota el disimulo en una actividad, antiguamente podía hacer referencia a una erección peneana alejada de cualquier disimulo. Por entonces, decir que "el ministro recibió a la embajadora con carpa" habría dejado al ministro como un flor de pajero; hoy, apenas sospecharíamos de una oscura interna diplomática. El problema de este acto de travestismo semántico es que le resta fuerza a la metáfora: una carpa sólo puede ayudar a disimular algo si está en un camping, porque en cualquier otro lugar no hace más que llamar la atención.

Párrafo aparte merece el adjetivo "padre" como sinónimo de "importante". Decir que tuviste "un cagazo padre" no sólo te hace quedar como un cobarde (porque seguro que no estabas hablando de algo atemorizante en serio, como que te secuestre un grupo de rebeldes libios), sino también como una persona bastante pelotuda. Si existe un cagazo padre, ¿existe un cagazo hijo? Es de esperar que frases de este tipo queden condenadas al merecido desuso que ya conocen "un toco", "chiva calenchu" y otras horripilancias del castellano de antaño.

Haciendo cumbre en la montaña de los crímenes contra el idioma, encontramos la importación descontrolada de modismos españoles al castellano argentino. "De puta madre" atravesó los límites de nuestra infame colonia artística ("estamos laburando con un equipo de baile de puta madre"), sirvió para bautizar una marca de ropa de mierda y ahora hasta hay gente normal que la usa. "De la hostia" ya es de uso corriente y "friki" amenaza con reemplazar a "boludazo". ¿Cuál es la próxima? ¿Decir "flipar", "cutre" y "molar"? ¿No teníamos bastante con leer sobre el alféizar, el porche y la portezuela en todas las novelas de Ediciones B? ¿Llegará un momento en el que alguien diga "coger" por "agarrar" sin ponerse colorado? Que todo esto suceda justo mientras España ingresa al subdesarrollo no hace más que confirmar eso de que los argentinos copiamos lo peor de afuera.

Pero si incorporar estas palabras puede ser útil para, al menos, compensar posibles limitaciones gráficas del castellano argentino, otros extranjerismos habituales son prescindibles bajo cualquier punto de vista. ¿Cuándo nos acostumbramos a escuchar el mexicanísimo "tráfico" en lugar de "tránsito"? ¿Para qué decir "cupcake" existiendo "magdalena" y "madalena"? ¿En qué momento "biopic" reemplazó a "película biográfica"?

Para colmo, la Real Academia Española no entiende nada y se empeña en cagarla más todavía. Ahora, "ex", "anti" y "pro" van unidos a la palabra que les sigue ("exexorcista", "proprostitución") y "solo" es lo mismo que "sólo" ("me río solo cuando me veo en bolas"). Pero sólo (sí, sólo) notamos que estamos ante el verdadero Holocausto de la lengua cuando comprendemos las consecuencias de la nueva política oficial para la adopción de extranjerismos, que consiste, básicamente, en escribirlos como se nos cante el orto. Es decir, lo correcto ya no es "whisky" sino "güisqui" y "Angelina Jolie" se transforma en "Anshelina Sholí" (ya que estamos, ¿habré hecho mal en escribir "cupcake" en vez de "capqueic"?).

Estas ridículas modificaciones tuvieron lugar hace un año, cuando el presidente de la Academia era el egregio Víctor García de la Concha. Alguien que difícilmente se beneficie con medidas que, buscando adaptar el castellano oficial al coloquial, habiliten el reemplazo de su apellido por la palabra "cajeta".

viernes 5 de agosto de 2011

Turros: tirate un paso al vacío

A falta de miembro viril, los turros practican "air meo"
Turros pelotudeando en un shopping

Hubo una época donde la moda era ponerse un pañuelo en la cabeza para imitar a Axl Rose. Poco después, la onda era ponerse una escopeta en la cabeza para imitar a Kurt Cobain. Así fueron pasando las modas y en las cabezas de los jóvenes hubo de todo: jopos platinados, flequillos rolingas, rastas sucias, trenzas playeras y peinados de animé. Quién diría que, después de tantas excentricidades, el año 2011 encontraría a la juventud cortándose el pelo al clásico "estilo taza" que tanto odiaba la generación de nuestros abuelos. Porque ése es el look capilar de la tribu urbana de estos tiempos. Me refiero a los turros, el flagelo adolescente que promete terminar de una vez por todas con eso que llamábamos "pensar".

El apogeo de los floggers entre 2008 y 2009 fue un puntinazo en el tabique a la inteligencia humana. Cuando Cumbio se consagró al periodismo militante (?) y las guerrillas flúo se disolvieron ante la falta de un hermafrodita a quien adorar, muchos creímos que lo peor ya había pasado. El Abasto recuperaba su gris habitual y Fotolog cedía terreno a Facebook. Todo parecía haber sido una pesadilla o uno de esos efímeros lapsus de idiotez colectiva que de vez en cuando atacan a la humanidad, como durante aquella transmisión radial de La guerra de los mundos. Sin embargo, es evidente que los floggers habían llegado para dejar una marca indeleble, ya que los turros del hoy toman de esa moda sus principales características: la estética colorida, la ostentación de la guita y la fascinación por el pelotudeo.

El turro es un especímen contradictorio. Combina el patoterismo barriobajero del cumbiero con la arrogancia clasista del cheto. Aunque los turros provocan a la policía, se impone entre ellos el corte milico. Si bien los turros suelen aparearse con turras hembras, a veces les pinta sentarse sobre alguna poronga porque sí. Usan gorra y anteojos de sol especialmente cuando no hay sol. Imitan a los Teletubbies en los colores que usan, en el desconcierto sexual y en la forma de bailar, pero manejan un vocabulario más reducido. No juegan al rugby ni al tenis ni al polo, pero visten chombas Kevingston, Lacoste o Polo Club. También son comunes las camisetas de equipos de fútbol europeos a los que sólo pueden ver en el Winning Eleven. Quizás para dejar en claro la diferencia entre un turro y un cumbiovillero tradicional, también existen los rochos, cafres del conurbano profundo que se oponen a mariconadas turras como depilarse las cejas o bañarse.

Tomar el té con masitas y jugar al pandillero: dos pasiones turras.
Turro mostrando un arma de juguete
Otra costumbre turra es sacarse fotos empuñando un arma, con pose de De Niro en Taxi Driver, pero imponiendo menos respeto que Suar en Comodines. Teniendo en cuenta que la mayoría de los turros no alcanza la edad mínima para entrar en el RENAR, sólo queda pensar que las armas que usan son tan auténticas como el queso de McDonald's.

Para evitar ser comprendidos por la gilada (conformada por el resto de la humanidad), los turros se comunican entre ellos a través de intrincados galimatías como los que se aprecian en el siguiente diálogo, oído al pasar cerca de un local de Polo Club:

— El Más Turro:... porque de golpe se llenó de gatos que se hacen los turros pero son re salchis.

— Turrón con Maní: Sí, corte, pero yo soy turro de ley. Cuando estos guachines se ponían la gorrita rosa, yo ya estaba bajoneando una poronga.

— Turrón Blando: Iiiiih vo', que te hacé el atrevido, si yo me hice turro como quince minutos antes que vos.

— Turrón con Maní: Volá de acá, rancho, o te cabe por logi.

— Turrón Blando: ¿Qué me descansás, fantasmín?

— Sargento Pepe: Eso, máquina, todo jamón con vos, pero algunos son turros hace un toco y vos ni pagaste el derecho de piso. Perdón, ya me iba.

Allí donde el flogger se convulsionaba al ritmo de un MIDI, el turro se menea frenéticamente con la cumbia reguetonera de Los Wachiturros. Un hato de delincuentes que ni siquiera usan instrumentos y en cuyo tema más conocido, "Tirate un paso", se rima "ojete" con "cachete" (debe ser la primera canción de la historia donde se dice "ojete"). En quince días de carrera ya cambiaron a su cantante original, Simón Samuel (¿se puede ser judío y cantar cumbia?), por un ladrón de quioscos que se hace llamar McCakito.

Se supone que Simón era "el fachero" de la banda, algo que no es muy difícil considerando la fealdad de Leíto. El tamaño de sus orejas es conmovedor.

Ayer, floggers; hoy, turros. Ayer, "effeame por reverse"; hoy, "dame la billetera". Ayer, jueves; hoy, viernes. ¿Y mañana? Si el mundo no se autodestruye sanamente en 2012, es muy probable que en los próximos años veamos el nacimiento de tribus aún más coloridas convirtiendo shoppings en templos de la pavada. De la ciencia depende que las próximas generaciones nazcan inmunes a este curioso virus que se manifiesta durante el furor hormonal de la adolescencia y que algunos llaman, simplemente, pelotudez.

lunes 30 de mayo de 2011

La metafísica cuántica o por qué tu vida es una porquería

Parece que la posta de la vida la tenían todos menos uno, que es medio tarado.
Libros sobre la Ley de Atracción

Vivir en un país con libertad de culto nos asegura la existencia de un infinito catálogo de religiones para elegir a gusto. Así, nuestra Constitución apaña el ejercicio de cualquier actividad ritual sin importar lo payasesca que pueda ser. Tal libertinaje da lugar a insólitos festines donde miles de personas buscan la solución a sus problemas en algún brasileño que los embadurne con ungüentos de improbable origen divino. O que les permita tocar cosas como el Manto de la Fe. A este tipo de prácticas se suman las peregrinaciones por santos de poca monta, las promesas a la Virgen y los ritos espiritistas berretas (como orinar tres veces sin usar las manos para invocar a La Llorona).

Argentina es, además, el país con la mayor cantidad de psicólogos per cápita del mundo. Esto garantiza una cuantiosa oferta de profesionales para quienes quieran resolver sus conflictos internos cayendo en una chantada que no sea la religiosa, porque hacer terapia es mucho más cool que prenderle una vela a San Expedito.

¿Pero qué sucede con los que se sienten demasiado ateos para seguir una religión pero no tan desequilibrados mentalmente como para hacer terapia? Hacen autoayuda. Género híbrido que, en muchos casos, conforma a todo el mundo por su increíble capacidad de reconciliar razón y religión, al darle a la espiritualidad una presunta base científica. Y en esa zona gris, a medio camino entre el budismo y la escuela cognitivo conductual, aparece algo llamado Ley de Atracción.

John DeMartini, experto en Ley de Atracción. Nadie que se parezca tanto a Steve Carell y a Luke Wilson debería ser tomado en serio.
John DeMartini, experto en Ley de Atracción
La Ley de Atracción se hizo popular gracias a El Secreto, ese combo de libro con DVD al que la mayoría de las librerías grandes ubican en un lugar privilegiado (justo al ladito de la última biografía de Kirchner). La idea es que nuestros pensamientos influyen directamente en la realidad exterior: atraemos aquello que pensamos. Por lo cual, si quisiéramos abrazar el éxito de una vez por todas, deberíamos hiperconcentrarnos en aquello que queremos obtener, vivir como si ya lo tuviéramos y esperar a que el Universo se reorganice (sic) para que lo consigamos. ¡Pero qué práctico! O sea que si yo me enfoco en ferraris y Natalie Portman, y dejo de lado todo lo que no quiero (por ejemplo, realizar esfuerzo), en un mes o dos debería estar pasándola bomba.

Se supone que la gente que maneja los hilos del mundo conoce este secreto desde hace siglos, pero nunca quiso revelarlo para no avivar giles. La película sugiere que tanto la masonería como los templarios como los alquimistas como la CIA como SEPRIN se encargaron de esconder los principios de la Ley de Atracción hasta que una mina, llamada Rhonda Byrne, descubrió que con eso se podían vender muchos libros y decidió revelárselo al mundo. Lo que sigue es una sucesión de testimonios de gente con profesiones extrañas: hay metafísicos, físicos cuánticos y un negro rasta que no trabaja de quiosquero o arquitecto, sino de "visionario". También hay casos de éxito:

  • Un escritor que se enfocó en ganar 100000 dólares en un año, y lo consiguió gracias al éxito repentino de un libro suyo que parecía condenado a morir en mesas de saldos (justo al ladito de las biografías de Kirchner que tienen más de tres meses).
  • Un cineasta que fracasaba en el amor porque se la pasaba pintando mujeres hermosas con mirada arrogante. Hasta que empezó a pintarlas en actitud menos histérica y, cuando se quiso dar cuenta, la estaba poniendo más seguido que Charlie Sheen. No quiero saber lo que pasa si no sabés dibujar y las minas te salen horribles.
  • Un oficinista que siempre consigue lugar para estacionar porque enfoca sus pensamientos en eso. Algunos tienen sueños modestos.

Entre los famosos que pusieron en práctica la Ley de Atracción se encontrarían Newton, Einstein, Martin Luther King y otras personas que por estar muertas no pueden cagar a trompadas a los que hicieron la película.

El documental esboza alguna breve explicación entre científica y religiosa sobre por qué funciona la Ley (dice algo de la energía), pero mucho no entendí. Por suerte, al día siguiente despejé todas mis dudas viendo otro engendro fílmico llamado ¿Y tú qué sabes?.

Según Masaru Emoto, una molécula de agua adopta esta forma cuando le mostrás una foto de Falcioni.
Masaru Emoto y sus moléculas de agua
Acá, la idea es que nuestra mente no sólo modifica la realidad, sino que, directamente, la inventa. Se llega a decir que "vemos con el cerebro y no con los ojos" porque nuestra percepción de las cosas se basa en nuestros prejuicios, que nacen de la experiencia vivida. Para darle fuerza a este disparate se menciona la tristemente difundida teoría de que los nativos americanos no vieron (sic) las carabelas de Colón porque, al no haber visto nunca algo parecido, su cerebro era incapaz de construir esa imagen. En más de una ocasión me tocó escuchar este delirio en boca de gente que no se drogaba y había ido a la facultad. Pero el punto cuspidal de la chantada, el súmmum de lo falaz, el non plus ultra de lo ladri, se hace presente cuando mencionan las teorías sobre el agua de Masaru Emoto. Este delincuente asegura que los pensamientos y las emociones influyen sobre la forma que asumen las moléculas de agua en estado sólido. Así, al etiquetar una botella de agua con la palabra "amor", las moléculas adquieren forma de corazón; pero al exponer una cubetera llena a un disco de Venom, el microscopio revela esvásticas.

Con igual desfachatez se aseguran la existencia de universos paralelos y la posibilidad de viajar en el tiempo, teletransportarse, caminar sobre las aguas y convertirse en Dios (sic) gracias al poder de la mente. Una sarta de despropósitos hilvanados por un eje ficcional (la historia de una fotógrafa sorda que, a pesar de eso, baila) que no excluye escenas semieróticas dignas de I-Sat en su época dorada.

Muchos escépticos autodeclarados reconocen, empero, que esta película derribó sus más arraigados prejuicios. No me sorprende: hay gente que se enorgullece de su ateísmo y dice que cuando jugás a la copa "pasan cosas en serio".

jueves 14 de abril de 2011

"Cruzadas": cruzando la línea del buen gusto

Con frecuencia, el crítico de cine se ve obligado a acometer el visionado de cintas deleznables cuya sola concepción debería ser fuertemente repudiada. Películas de tan oprobiosa factura que ni siquiera podrían tolerarse bajo la luz redentora de lo bizarro. Piezas fílmicas irritantes, que alimentan en el espectador las más virulentas pulsiones.

Dirigida por Diego Rafecas, Cruzadas, a estrenarse el próximo 21 de abril, parece formar parte de esta luctuosa calaña de filmes. El oficio de crítico exige ver la película en la asfixiante oscuridad de una sala de cine, donde la presencia de otros críticos inhibe el deseo de gritar la propia indignación y el botón FF brilla por su ausencia. Pero, temeroso de arriesgar mi de por sí estropeada salud mental, he decidido evitar su visionado y criticarla "desde afuera": mirando el trailer, leyendo la reseña e imaginando todo lo demás. Lo que hago siempre, bah.

Hilarante fresco sobre la argentinidad

No leí toda la sinopsis porque es muy larga y parece escrita con los pies. Con los pies de Gabriela Michetti. Pero por lo que entiendo, Juana Pérez Robles (Moria Casán) y Camila Lamónica (Nacha Guevara) son hermanas, aunque no lo sabrán hasta que el padre muera y Lamónica aparezca de la nada para reclamar la herencia. El padre de ambas es un acaudalado empresario interpretado por Enrique Pinti. Por lo que se ve, le gustan el fútbol y las mujeres. Y como si esto solo no fuera bastante inverosímil, cabe destacar que tanto él como sus hijas rondan los 70 años, lo cual nos habla de alguien muy precoz o de una mala elección de casting.

Juana, la hija reconocida, sigue los pasos de su padre en el holding mediático que comanda; mientras que Camila se destaca en el ambiente de la cumbia. Esto vaticina muchos chistes sobre el "choque entre clases sociales" afanados de Esperando la carroza y muchos chistes sobre "herencias" afanados de La herencia del tío Pepe (aquella soberbia magnum opus de Hugo Sofovich). Para completar el "clima costumbrista" aparece la inefable Chachi Telesco haciendo de bailantera rapidita, en su primer protagónico desde aquel video porno que la catapultó a la fama (y donde ya mostraba sus exquisitas dotes vocales).

Tampoco faltan Claudio Rissi en su eterno papel de porteño cagador; seguramente hace de cafishio. También hay Carlos Belloso como "retrasado mental de serie de Polka", "el de Rizzutti" como "el de Rizzutti pero cuadripléjico" y cameos de Pablo Lescano y Tomás Fonzi, quien perpetra uno de los chistes más trillados en la historia del humorismo mundial. Interpreto que lo de Fonzi es una recreación de su papel en Paco, el anterior vómito fílmico de Rafecas, donde encarna a un físico nuclear adicto a la pasta base e hijo de una senadora. No, tampoco vi Paco, pero créanme que la sinopsis dice eso. Llega un momento en que los grandes directores se dedican a disfrutar de sus logros y se permiten homenajear su propia filmografía. Rafecas, también.

Me animo a suponer que, al final, la rama pobre de la familia de Pinti se queda con la herencia y Chachi Telesco le pone el broche de madera con un musical a tono. Moria Casán termina en la ruina; vaticino una escena donde come bondiopán en una villa miseria.

No vi Un buda, Rodney ni Paco (los anteriores intentos de Rafecas), pero creo que considerando ese cóctel de gente bien haciendo de pobre, rominasrichis y sofiasgalas como reventadas y un toque espiritual estilo Claudio María Domínguez, no se puede esperar nada bueno del esperpento fílmico que motiva este post.

Dijo la crítica:
"Costumbrismo de los ochenta. Los personajes se delinean con trazo grueso"

(Pablo S., Clarín)

"Un patchwork de situaciones grotescas que no llega a convencer"

(Diego B., La Nación y Otros Cines)

"Enrique Pinti, sensacional como siempre. Te queremos, Enrique"

(Catalina D., El Trece)

domingo 20 de febrero de 2011

Seis malas ideas para tu foto de perfil en Facebook

Una de las virtudes que comparto con Bill Gates y George Clooney es el hecho de no tener usuario en Facebook. Bueno, en realidad tengo, aunque no lleva mi nombre ni lo uso para nada que implique jugar a la granjita, hacer "cibermilitancia K" o comunicarme con seres humanos que conozca del mundo real. Pero como no quiero quedarme afuera de lo que hace la juventud (ya bastante tengo con no poder diferenciar un "rocho" de un "turro"), entro regularmente para ver cómo fracasaron mis compañeros de primaria y hacer análisis locos sobre las fotos de perfil que usa la gente.

1. El rey de la noche

Amigos tomando brebajes alcohólicos

El alcohol es un fuerte desinhibidor, pero tampoco puede convertir a cualquier zanguango en un John Travolta del subdesarrollo. Así y todo, millones de purretes se muestran echando mano a mezclas de brebajes alcohólicos con gesto ebrio, para luego autocomentarse "¡nooo boló, qué escrache!", como si no fueran ellos mismos los que subieron esa deleznable imagen para sacar chapa de winner.

2. Quedan los artistas

Minita posando de manera artística

Las cámaras digitales eliminaron las típicas restricciones del rollo fílmico al imponer un límite de fotos que tiende a infinito conforme avanza la tecnología. Esto lleva a muchos usuarios a sacar 36 fotos de un mismo árbol a quemarropa, sólo porque "todavía queda espacio en la tarjeta". Otros, más osados, aprovechan esta libertad para explotar un improbable talento artístico y autorretratarse de la manera más cool posible: en blanco y negro y fumando, mirando el atardecer desde el balcón, cruzando las piernas con arrogancia, proyectando su sombra en las rocas o apoyado contra una columna, mirando al costado. Porque son gente de lo más interesante y misteriosa.

3. Tetas de gorda

Gordita con tetas

La historia del engaño femenino reconoce la invención de la autofoto como uno de sus mayores hitos. Adolescentes poco agraciadas pero muy rapiditas se enfocan desde ángulos imposibles para resaltar el tamaño de sus tetas, evitando mostrar la buzarda que las revele como meras acumulaciones de adiposidad. Así ostentan una talla de corpiño digna del cine porno, pero esconden un número de pantalón propio de Cuestión de peso. Igualmente vil es la artimaña de las que tienen ojos verdes o celestes y se los enfocan bien de cerca, disimulando un contexto facial bastante pobre.

4. El trotamundos

Chabón posando en paisaje turístico

En época de vacaciones, Facebook se llena de fotos en paisajes que tienen por objeto hacernos sufrir a los que no nos fuimos a ningún lado. Estas piezas muestran a algún otario saltando de felicidad o pateando una pelota entre valles y quebradas. O bien sentado sobre una roca, mirando al horizonte con gesto maduro. Quizás para expresar su sensación de pequeñez ante la inmensidad del paisaje, el sujeto de la foto puede aparecer bien de lejos, hasta que no se note si eso que se ve ahí es una persona o una mancha sobre la lente (este tipo de fotos casi siempre tiene lugar en Tilcara o algún otro destino izquierdoso). El viaje podrá durar una quincena, pero el perfil mostrará la misma foto hasta el verano siguiente. Así se brinda la impresión de que uno es un tipo de mundo y está de viaje todo el año.

5. Ricardo Montaner

Pareja besándose mientras suena un tema de Carlos Baute

El romanticismo es grasa en cualquiera de sus formas, pero su manifestación en las fotos de perfil de Facebook puede llevarlo a niveles lipídicos que deberían preocupar a la OMS. En épocas de fotografía analógica se estilaba pegar stickers que dijeran "Te amo" o "Cásate conmigo" sobre fotos de parejas besándose. El software de las cámaras actuales amplía este menú de aberraciones al permitirle a hórridos tortolitos declararse su amor bajo una lluvia de estrellas, enmarcados en un corazón o con textura de acuarela. Si ambos utilizan la misma foto (como para demostrar que uno no funcionaría sin el otro), la melosidad alcanza cimas arjonescas. Cuando la pareja se separe, él volverá a la foto con trago alcohólico y ella, a mostrar las tetas.

6. Johnny Weissmuller

Chabón sacándose una foto contra el espejo

La gente que no hace otra cosa que ir al gimnasio y andar en Zanella tiene todo el derecho del mundo a mostrar sus atributos físicos. Empero, las autofotos contra el espejo del baño (se supone que recién salieron de la ducha, con gorra Adidas y todo) son de una vulgaridad que no conoce parangón. Ni hablar de los alfeñiques que intentan subirse a esta tendencia sin poder mostrar algo que no sea la marca de sus costillas.